sábado, 28 de septiembre de 2013

Presentación

Desde la Edad del Bronce, la humanidad se ha preocupado en poner por escrito hechos, pensamientos e ideas. En un principio, el único propósito de acuñar caracteres sobre un soporte material era el de llevar la contabilidad de un imperio. No obstante, tiempo después, en el antiguo Egipto, este sistema de comunicación se convirtió muy importante para todo el Estado. Eran los llamados escribas, copistas cultos e instruidos, quienes se dedicaban a la labor de redactar todo lo que fuera necesario. Los egipcios fueron la "avanzadilla" de los demás imperios, que también desarrollaron su propio lenguaje escrito. La escritura fue avanzando, con paso fuerte, cambiando las técnicas y el soporte material. Entonces apareció el códice, el cual era más ventajoso que sus antecesores, el papiro y el pergamino, debido al buen manejo que permitía. Aún así, al códice le faltaba todavía un amigo, del que no se separaría nunca; lo encontró en 1440, de la mano de Johannes Gutenberg: la imprenta. A partir de ahora, la sociedad tendría un medio de divulgación masiva: el libro impreso. En un principio sólo tendrían acceso a él las personas pertenecientes a la aristocracia o el clero, dejando a las gentes del pueblo llano alejadas de la información y el saber. Pero llegó la Ilustración al viejo continente, y ese fue el punto de inflexión de todo el cambio. El pueblo reclamaría el derecho a la libertad, la igualdad y la cultura. El racionalismo se impuso, y, pese a los intentos de dar marcha atrás (quemas de libros, sentencias a muerte en la guillotina, la horca, o la hoguera, etc.), la historia siguió su rumbo. Desde entonces, las puertas al conocimiento están abiertas. Los libros nos dan la oportunidad de librarnos de las ataduras de la realidad en ocasiones, y de profundizar nuestro conocimiento sobre el mundo que nos rodea en otras. En palabras de Fiódor Dostoievski (en "Notas de un hombre del subsuelo", 1864):

"Dejadnos solos, sin libros, y al punto estaremos perdidos y llenos de turbación. No sabremos a qué considerarnos unidos, a qué adherirnos, a qué amar o qué odiar, qué es digno de respeto y qué merece nuestro desprecio. Hasta los propios semejantes nos resultarían insufribles."

Sí, los libros, como base de nuestra civilización, tienen una gran importancia. Por desgracia, es imposible leer todo cuanto merece ser leído. Aún así, algunos lo seguimos intentando; somos aquellos a quienes los libros dejan una profunda huella en su ser. Por eso, por nuestra inquietud literaria y nuestro afán lector, tratamos de divulgar el libro, no sólo como obra didáctica, sino también como otra forma de vivir. Porque leer es crecer. Y, humildemente, ponemos nuestro granito de arena dando a conocer obras de gran calibre en pequeñas reseñas. En esta ocasión, me toca a mí. Es mi primera vez en esto, y empiezo con total ilusión. Os animo a comentar sobre el libro, si habéis tenido ocasión de pasar sus hojas entre vuestras manos, o si, simplemente, os gustaría hacerlo. Además, os pido que, si queréis una reseña sobre alguna obra en particular, no dudéis en hacérmelo saber. Estoy a vuestra disposición. Y, sin más dilación, hablemos del libro que presento hoy.


Título: Así se creó la ciencia

Autores: Leonardo Moledo (abajo izquierda) y Esteban Magnani (abajo derecha)


Sinopsis:

Los diez descubrimientos más importantes que han revolucionado el pensamiento científico. Hay algo de extraño y heroico en la búsqueda de la verdad científica: por un lado, una mera idea puede cambiar por completo nuestra visión de la realidad y, por otro, el hecho de asumirla y defenderla ha conllevado en no pocos casos un sinfín de problemas. Y, sin embargo, mucha gente ha tenido el ánimo y la valentía suficientes como para enfrentarse a la sociedad de su tiempo en aras de la razón, aun a sabiendas de que su reputación e incluso su vida corrían peligro (ejemplo de ello es el excelente químico francés Antoine-Laurent de Lavoisier, en la foto). No cabe duda de que la historia de la ciencia, desde Copérnico a Darwin, y hasta nuestros días, puede interpretarse como una epopeya protagonizada por un puñado de científicos dispuestos a ampliar las fronteras del conocimiento humano. Este libro rememora algunos de los momentos más brillantes de esta aventura, quizá la más importante en la que puede embarcarse el ser humano.

Fuente: Casa del libro

Ya en el ámbito personal, este libro es una fuente de sabiduría para todo aquel sediento por el conocimiento científico. Narrado de forma amena y sencillo de entender, nos transporta hasta la época en que la superstición reinaba sobre la ciencia, y muestra, paso a paso, suceso a suceso, cómo las tornas han cambiado. Deja claro qué sabemos, y también qué no sabemos todavía. Recomiendo encarecidamente su lectura, ya que, aunque no es un libro revelador ni profundo en la materia, es muy rico en cuanto a cultura científica se refiere. Los autores, experimentados en la docencia, han cumplido muy bien su cometido; el libro deja con ganas de saber más sobre cada una de las materias que toca, o al menos, así ha sido en mi caso. De nuevo, amigos lectores, os sugiero que no olvidéis apuntar esta obra en la lista de libros por leer. Os agradará sumamente.

Y bien, llegamos al final de esta "presentación". Espero, como ya dije, vuestros comentarios al respecto.Y cierro este apartado de una peculiar manera, así, como guinda: "Ars longa vita brevis".


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